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DEFORESTACIÓN VUELVE MÁS AGRESIVOS A LOS MOSQUITOS Y AUMENTA EL RIESGO DE ENFERMEDADES


En el último año, muchas personas han percibido que los mosquitos parecen más insistentes y agresivos, con un incremento notable en las picaduras y en la preocupación por enfermedades como el dengue y el Zika. Especialistas advierten que este fenómeno no es casual y está directamente relacionado con el impacto humano sobre los ecosistemas naturales.

 

Uno de los ejemplos más claros se presenta en la Mata Atlántica de Brasil, una de las regiones con mayor biodiversidad del planeta, que actualmente enfrenta una grave pérdida de su entorno natural a causa de la tala y la urbanización desmedida.

 

La Mata Atlántica y su transformación

Este ecosistema, que se extiende a lo largo de la costa este de Brasil y alcanza zonas de Paraguay y Argentina, ha sido reducido a cerca de un tercio de su tamaño original. La desaparición del bosque no solo afecta a plantas y animales, sino que rompe el equilibrio natural y termina impactando directamente en la vida cotidiana y la salud de las personas que habitan en zonas cercanas.

 

La relación entre deforestación y mosquitos

Cuando los bosques se reducen, muchas especies animales que servían como alimento para los mosquitos desaparecen o se desplazan. Ante la falta de estas presas naturales, los insectos modifican su comportamiento y buscan con mayor frecuencia sangre humana.

 

Un estudio publicado en la revista Frontiers in Ecology and Evolution, realizado por especialistas de la Universidad Federal Rural de Río de Janeiro, el Instituto Oswaldo Cruz y la Universidad Federal de Río de Janeiro, confirmó que la pérdida de biodiversidad deja a los humanos como el principal objetivo de las picaduras.

 

Un mayor riesgo para la salud

El incremento de picaduras humanas eleva el riesgo de transmisión de virus como dengue, Zika, chikungunya y fiebre amarilla. En zonas donde la selva está degradada, el equilibrio natural se rompe, los mosquitos buscan nuevas fuentes de alimento y las personas quedan más expuestas a posibles brotes.

 

De acuerdo con los investigadores, este fenómeno no es exclusivo de Brasil y podría repetirse en otras regiones de Latinoamérica y del mundo donde avanza la deforestación, la caza excesiva o los efectos del cambio climático.

 

Cómo se realizó la investigación

El trabajo de campo se llevó a cabo en la Reserva Ecológica de Guapiaçu y en el Sítio Recanto Preservar, en el estado de Río de Janeiro, donde conviven fragmentos de selva con comunidades humanas. En estas zonas se capturaron 1,714 mosquitos de 52 especies distintas, de los cuales 145 hembras contenían sangre en el abdomen, permitiendo analizar su alimentación.

 

El análisis de ADN reveló que, de 24 muestras identificadas con claridad, 18 correspondían a sangre humana. El resto provenía de aves, un anfibio, un perro y un ratón, lo que evidenció una clara tendencia de los mosquitos a alimentarse principalmente de personas.

 

Implicaciones y recomendaciones

Los expertos advirtieron que el cambio en el comportamiento de los mosquitos tiene consecuencias directas para la salud pública. A mayor número de picaduras humanas, mayor riesgo de transmisión de enfermedades.

 

Entre las principales recomendaciones se encuentran reforzar la vigilancia epidemiológica, mejorar el monitoreo de mosquitos y casos humanos, así como impulsar la reforestación y la educación ambiental. Comprender cómo la destrucción del entorno afecta directamente la salud permite dimensionar que el cuidado del ambiente no solo protege la naturaleza, sino también la vida de millones de personas.

 
 
 

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