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LEYENDAS DE SONORA…SAN MIGUEL ARCÁNGEL DE BACOACHI

8 may 2023
2 min de lectura

Continuando con las leyendas má

s conocidas de nuestro estado, en esta ocasión nos acercamos al Rio Sonora, con una historia de tiempos ancestrales.


En tiempos de la guerra Apache, se contaba que algunos indios llegaban a los pueblos de Sonora para robar, destruir y matar a todo aquél que quisiera interponerse. Claro, esto lo contaban los del bando contrario, así que siempre hay que tener mucho cuidado con lo que se escucha y se lee.


En una de estos ataques a San Miguel de Bacoachi, al tratar de entrar al templo para quemarlo tal como era su costumbre, se toparon con un guerrero que, con su espada en alto, ¡derrotó solo a la horda de salvajes!, por lo que el atrio quedó lleno de cadáveres de los invasores.


Nunca jamás los apaches pretendieron invadir nuevamente el pueblo de Bacoachi, al cual respetaron enormemente, pues el miedo no les dejaba otra opción.


Cuando las autoridades levantaron los cadáveres, se dieron cuenta de que uno de los apaches estaba vivo, aunque tan malherido que apenas tuvieron la oportunidad de preguntarle qué había pasado, ya que nadie en el pueblo daba crédito de semejante carnicería.


El apache, en sus pocas palabras que sabía del castellano, mencionó que un guerrero terrible, con alas muy grandes en la espalda, volaba de aquí para allá dando certeros golpes en la humanidad de los apaches. Contó que muchos escaparon lo más pronto que pudieron, pues, de lo contrario, aquel guerrero alado hubiera matado a todos los indios nómadas que asolaban a la provincia de Sonora.


Cuando el Cura regresó de un viaje en el que estaba y se enteró de lo sucedido, de inmediato lo comprendió todo y dijo:

—¡San Miguel Arcángel ha venido a cuidarnos!


Así que todo el pueblo se congregó en el templo para venerar al ángel, patrono del lugar. Aunque algunos dudaron de la palabra del sacerdote, la mayoría comprendió que no pudo haber sido alguien más.


Desde aquella noche, los pobladores durmieron confiados, ya que, con semejante guardián, ¡nadie se atrevería a hacerles daño!


 
 
 

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