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“EL MENSAJE QUE CAMBIÓ AL MUNDO: ASÍ NACIÓ EL CORREO ELECTRÓNICO EN UN LABORATORIO OLVIDADO”


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La historia detrás del primer e-mail y del símbolo @ que transformó la comunicación moderna

Cambridge, Massachusetts.-

A principios de los años 70, en un sótano repleto de computadoras imponentes conectadas a una red experimental llamada ARPANET, un ingeniero solitario protagonizó sin saberlo un momento histórico. Ray Tomlinson, programador de 29 años en BBN Technologies, envió el primer correo electrónico de la historia y eligió, casi al azar, el símbolo @ para separar el nombre del usuario y el de la máquina. Ese pequeño gesto detonaría una revolución silenciosa.

 

Hasta ese momento, las computadoras solo permitían dejar mensajes si se compartía la misma máquina. Enviar un texto a otra terminal parecía imposible. Tomlinson decidió intentarlo por su cuenta: modificó un programa interno llamado SNDMSG para transferir mensajes entre equipos conectados a ARPANET. Funcionó, pero aún faltaba definir la dirección de destino.

 

Frente al teclado, buscó un símbolo claro y disponible. Eligió @, usado entonces en contabilidad para expresar “a razón de”. No tenía un uso relevante en informática y no generaría confusión. Sin pensarlo demasiado, estableció el estándar que permanece vigente:usuario@computadora

 

Después escribió un mensaje de prueba —un texto irrelevante, tal vez una cadena como “QWERTYUIOP”— y lo envió. Nadie fue testigo. Tomlinson ni siquiera recordaría el contenido años después. Pero ese acto marcaría el nacimiento del correo electrónico moderno.

 

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En cuestión de semanas, el sistema se extendió entre ingenieros de ARPANET; con el tiempo, se popularizó en universidades, empresas y hogares. Durante los años 90, el correo electrónico ya era parte fundamental de la vida diaria y el símbolo @ se convirtió en un ícono global. Hoy se envían millones de correos por minuto en todo el mundo.

 

A pesar del impacto planetario de su creación, Ray Tomlinson nunca patentó su invento, no capitalizó la idea y rara vez hablaba de ello como un logro extraordinario. “Solo era algo que había que hacer”, dijo alguna vez. Falleció en 2016, sin fama masiva, pero dejando una huella que permanece en cada buzón de entrada.

 

Desde solicitudes de empleo, recordatorios de contraseña, felicitaciones o despedidas, cada correo electrónico enviado lleva la marca de aquel experimento solitario: un mensaje olvidado que cambió la historia.

 

A veces, las grandes revoluciones comienzan en silencio.Un hombre, un teclado, una arroba.

Y el mundo aprendió a decir: Estoy aquí. ¿Estás ahí?

 

 
 
 

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