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Cuando la corrupción se camufla con uniforme


Opinión// Asociación de Periodistas de Agua Prieta.


Agua Prieta, Sonora.— Lo que hoy ocurre dentro de la Guarnición Militar de Agua Prieta ya no es un rumor, ni una exageración ciudadana, ni una crítica malintencionada: es un escándalo de proporciones mayúsculas que exhibe una peligrosa descomposición interna. No hablamos de simples errores administrativos; hablamos de corrupción abierta, descarada y sistemática que se esconde detrás del uniforme y del silencio institucional.


La detección de más de 200 permisos falsos para la portación de armas de fuego otorgados a cazadores estadounidenses debería haber encendido todas las alarmas a nivel nacional. Documentos apócrifos, sellos falsificados y cobros superiores a los 4 mil 500 pesos por trámite revelan un negocio ilegal montado desde el interior mismo del cuartel, utilizando el nombre y la investidura del Ejército Mexicano como escudo para delinquir.


La indignación no solo vino del lado mexicano. Cazadores provenientes de Utah, Colorado, Texas y Wyoming quedaron atrapados en la Garita Mexicana, señalados por portar documentos falsos que ellos pagaron creyendo que eran legales. Perdieron dinero, tiempo y credibilidad internacional, mientras en Agua Prieta nadie da la cara, nadie explica y nadie asume responsabilidad.

El hermetismo con el que se intenta sepultar este asunto es ofensivo. Tan solo con esos permisos irregulares, el funcionario o militar encargado habría embolsado alrededor de un millón de pesos, sin que hasta hoy exista una sola detención pública, una suspensión oficial o un pronunciamiento claro. El mensaje es devastador: aquí se puede robar, falsificar y lucrar con armas… y no pasa absolutamente nada.


Y como si esto no fuera suficiente, los señalamientos ciudadanos siguen acumulándose como pólvora seca: presunto tráfico de drogas, venta de cristal, detonaciones de armas al aire por elementos en estado de ebriedad principalmente en colonias como la Ejidal. Conductas que no solo violentan la ley, sino que convierten a quienes deberían brindar seguridad en un riesgo para la propia población. Cuando el poder armado pierde el control y la ética, el peligro ya no viene de afuera… viene desde dentro.


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