TAMALES, FE Y MAÍZ: EL DÍA DE LA CANDELARIA, UNA TRADICIÓN QUE UNE LA HISTORIA DE MÉXICO
- Roberto Quintero
- 30 ene
- 2 Min. de lectura

Agua Prieta, Sonora.-
Cada 2 de febrero, los hogares mexicanos se llenan del aroma de los tamales y el atole para celebrar el Día de la Candelaria, una de las tradiciones más arraigadas del país. Más allá de ser un compromiso culinario para quienes encontraron al “Niño Dios” en la Rosca de Reyes, esta festividad representa un profundo sincretismo cultural que fusiona la devoción católica con las raíces ancestrales de los pueblos originarios.
La celebración de la Candelaria tiene una doble raíz que define buena parte de la identidad mexicana. Por un lado, su herencia española se remonta a las Islas Canarias, donde se rendía culto a la Virgen de la Candelaria. Con la llegada de los españoles, esta devoción se estableció en México, asociándose a la presentación del Niño Jesús en el templo.
Por otro lado, la fecha coincide con antiguas ceremonias indígenas ligadas al inicio del ciclo agrícola. Para las culturas prehispánicas, el maíz era un alimento sagrado y símbolo de vida, por lo que en estas fechas se realizaban ofrendas y rituales para agradecer y pedir buenas cosechas, según lo marcaba el calendario azteca.
En la actualidad, la tradición se activa desde el 6 de enero. Quien encuentra la figura del Niño Dios en la Rosca de Reyes asume el papel de padrino o madrina, comprometiéndose a invitar los tamales el 2 de febrero. El atole, aunque no obligatorio, se mantiene como el acompañante tradicional, representando la abundancia y la unión familiar. Ambos alimentos, elaborados a base de maíz, simbolizan el legado de las culturas que dieron origen a la nación.

Este 2026, la celebración podrá disfrutarse con mayor calma gracias al primer megapuente del año. El lunes 2 de febrero será día de descanso obligatorio por la conmemoración de la Constitución Mexicana, cuyo aniversario oficial es el 5 de febrero, permitiendo a muchas familias un periodo de asueto que comenzó desde el viernes 30 de enero.
Además de la gastronomía, persiste la costumbre de vestir al Niño Dios y llevarlo a bendecir a las iglesias, un acto de fe con el que las familias buscan atraer salud, prosperidad y bienestar para el resto del año. Así, el Día de la Candelaria se mantiene como una celebración viva, donde la historia, la fe y el maíz se encuentran alrededor de la mesa.




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