• Roberto Quintero

SEPA SI USTED, SU JEFE O EL POLÍTICO DE TURNO ESTÁN ENFERMOS DE PODER



No es mentira aquella frase de que el poder enferma. Y la prueba de ello es el síndrome de hibris (SH), un trastorno emocional que afecta a quienes ejercen el poder en cualquiera de sus formas.


Se trata de una alteración que ha sido descrita en muchas áreas, pero que se ha analizado más en la política a partir del comportamiento común en muchos líderes en los que cualidades como la confianza y la seguridad en sí mismos tienden a transformarse en arrogancia y prepotencia, explica la maestra en psicología clínica Sandra Herrera, de la Universidad de Salamanca. El nombre de esta condición se deriva de 'hyibris', un concepto griego que significa desmesura y hoy alude al orgullo o a la autoconfianza exagerada cuando se ostenta alguna posición de mando. Rodrigo Córdoba, director del Departamento de Psiquiatría de la Universidad del Rosario, dice que si bien el SH “no está dentro de la clasificación de enfermedades psiquiátricas, no quiere decir que no pueda haber una patología que reúna determinadas particularidades específicas como estas”.


Un poco de historia

David Owen, médico y político británico, describió en su libro En el poder y la enfermedad que desde la antigüedad, el tema de 'hybris' se ha tratado en filosofía (Aristóteles, Platón, Herodoto) y que fue en el drama griego donde se desarrolló con más fuerza. Asegura Owen que la trayectoria de la 'hybris' en los dramas griegos tenía, más o menos, las siguientes etapas: “El héroe se gana la gloria y la aclamación al obtener un éxito inusitado contra todo pronóstico. La experiencia se le sube a la cabeza y empieza a tratar a los demás, simples mortales corrientes, con desprecio y desdén, y llega a tener tanta fe en sus propias facultades que empieza a creerse capaz de cualquier cosa”. El asunto es que dicho exceso de confianza en sí mismo lleva al líder a interpretar equivocadamente la realidad que lo rodea y a cometer errores. “Al final se lleva su merecido y se encuentra con su némesis, que lo destruye”, remata Owen, quien es además neurólogo. Al acoplarse el tema en la psicodinamia actual, Córdoba manifiesta que en realidad lo puede padecer todo aquel que por narcisismo en una posición jerárquica llegue a imaginar que lo que piensa es correcto y lo que opinan los demás, no, al punto de creer que todos los que lo critican son enemigos. “La persona pierde la perspectiva de la realidad, solo ve lo que quiere ver, y aceptar opiniones ajenas lo considera una flaqueza”, insiste.


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