top of page

LEYENDAS DE SONORA…EL SECUESTRO DE LOLA CASANOVA

8 jun 2023
4 min de lectura

En el año 1854 hubo muchos sucesos importantes, por ejemplo, el Plan de Ayutla, que fue firmado y realizado por don Juan Álvarez y don Ignacio Comonfort y que puso fin a las ansias de poder del dictador Santa Anna. La lucha entre centralismo y federalismo era muy intensa y, por supuesto, afectaba sobremanera al estado de Sonora.


De esta época son dos los acontecimientos que permanecen en el recuerdo de los sonorenses. Uno de ellos fue la batalla del Puerto de Guaymas y el otro, del cual trata esta historia, es el secuestro de Dolores Casanova “Lola Casanova”, que pasaría a figurar en los libros de la historia


Lola Casanova era una joven de dieciocho años, bellísima, según afirmaron quienes la conocieron. Era hija de unos españoles residentes de la comunidad guaymense. El padre, un rico comerciante, estaba orgulloso de su hija. Lo malo es que el viejo Casanova tenía ya planes para casarla con un rico español peninsular que residía en el mismo puerto.


Un hermano del señor Casanova, que vivía con su familia en Hermosillo, en varias ocasiones invitó a su sobrina a que fuera a pasar una temporada en su hogar al lado de sus hijas, también adolescentes. Después de mucho insistir, el padre de Dolores accedió a que su hija pasara sus vacaciones en casa de las primas.


En ese tiempo, un grupo de forajidos estaban robando desde Guaymas hasta las playas de Altar; por esta razón, las diligencias que daban servicio a los viajeros del Puerto a la antigua Villa del Pitic, eran protegidas por una numerosa escolta de dragones —militares a caballo—. Así lo dispuso el General José María Yáñez.


Doloritas, como la llamaba su padre, salió de Guaymas la mañana del 2 de abril. Aún hacía frío y los quince dragones que escoltaban la diligencia llevaban puestos sus chaquetones. Era una guardia especial que las autoridades militares concedieron a tan distinguida joven. Lola no sólo iba protegida por la tropa y varios viajeros; también iba con ella su madrina.


El vehículo y los guardias iban a regular velocidad. No podían ir más a prisa, pues tenían que caminar al paso de los otros carros que formaban una fila, pues muchos viajantes aprovecharon la guardia para hacer tan peligrosa travesía.


Cuando la dirigencia llegó a La Palmita, los ladrones atacaron y, después de un reñido combate, los maleantes vencieron. Algunos carreteros murieron y otros lograron huir. Lola Casanova cayó desmayada en uno de los carros y ahí quedó la pobre mujer.


El jefe de los ladrones, un individuo alto y fuerte, tomó en sus brazos a la bella joven y huyó con ella por valles y montañas. Cuando sintió que estaba a salvo, la bajó al piso y la cuidó hasta que la muchacha despertó.


Lola, al abrir sus ojos y ver a aquel guerrero, primero quedó como petrificada y después pretendió huir; pero el ladrón, tomándola por la ropa cayó de rodillas a sus pies y le dijo:


—No temas nada, no intentes huir. Aquí estarás bien y te cuidaremos.


Aunque parezca difícil de creer, la infeliz Lola se convirtió pronto en la feliz Lola, pues se enamoró perdidamente de aquel hombre, que era el jefe de los ladrones. Éste estaba también enamorado y la convirtió en algo así, como la reina de los maleantes de Sonora.


Hay quienes dicen que, en realidad, quien secuestró a la muchacha fue Coyote-Iguana, un hombre de más de un metro con noventa centímetros, y que tenía una musculatura que le hacía invencible en el combate cuerpo a cuerpo. Este individuo era el jefe de la tribu seri —un grupo indígena de la zona—, pero hay que tener cuidado con esta versión, porque hace parecer a los indígenas como ladrones y sinvergüenzas y a los españoles como los buenos de la historia.


En esta versión, también se dice que el cabecilla seri se enamoró tanto de Lola, que la llevó a su aldea y, como no quería tenerla como prisionera, le construyó su propia vivienda. Ella, en cambio, lo respetaba, pero no lo amaba.


El indígena sabía que la muchacha no podía huir por no saber en qué lugar se encontraba la comunidad seri. Además, ha llegado a saberse hasta nuestros días, y transmitido de boca en boca, que Coyote-Iguana, durante mucho tiempo, respetó la integridad de la joven y que por las noches iba hasta la morada de ella a cantar, en su dialecto, canciones de amor, que se escuchaban por toda la aldea.


Lola, por ser joven, pronto aprendió el dialecto seri y las costumbres de la tribu. Así que empezó a hacer vida común entre las mujeres solteras. Mientras tanto, a Coyote-Iguana, siempre se le veía delante de sus hombres, sin importarle morir en los combates con las tropas del Gobierno o con los guerreros de otras tribus. Por esta razón, los seris siempre estaban temerosos de perder a su caudillo.


Se cuenta que el gran guerrero recibió heridas que hubieran matado a cualquier hombre, pero, en cada ocasión que el gigante llegaba a la aldea, ayudado por sus guerreros, Lola lavaba y curaba sus heridas.


Después de dos años desde el secuestro, Coyote-Iguana perdió la esperanza de conquistar el corazón de Lola y un día se presentó en la choza de la muchacha y le dijo:

—Mañana, antes de salir el sol, puedes regresar con tu gente. Dos guerreros te acompañaran cerca de Guaymas.


Entonces, la mujer respondió:

—Yo no quiero irme.

—¿Por qué? —preguntó Coyote.

Ella respondió, bajando la vista:

—Porque quiero ser tu mujer.


Mientras aquello sucedía en territorio seri, el señor Casanova y su esposa murieron al año siguiente del secuestro. Como no lograron localizar a su hija, perdieron el interés en seguir viviendo. El tío de Lolita se hizo cargo de los negocios y gastó una fortuna tratando de rescatar a su sobrina.


Poco después hubo muchas revueltas y, por un tiempo, se impuso el Imperio de Maximiliano, por lo que hubo más. Por esta razón el tío de Lola tuvo que suspender la búsqueda de su sobrina.


¡Pero un día la localizaron, después de quince años del asalto a la diligencia!


Cuando su tío la vió, no lo podía creer. Lola Casanova estaba vestida a la usanza seri y dicen que parecía un ángel.


—¡Regresa con nosotros! —le dijo el tío, pero ella se negó rotundamente.


Lolita no quiso regresar al mundo “civilizado”, ya que ella amaba a Coyote-Iguana.


Después de muchos años, todavía se puede ver a la pareja compuesta por el imponente guerrero y la bella joven, que caminan por todo el estado, esperando a ver en qué momento, los humanos recordamos que todos somos iguales.

 
 
 

Comentarios


bottom of page