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LEYENDAS DE SONORA…EL MILAGROSO SAN JUDAS TADEO

12 may 2023
3 min de lectura

Para nuestra siguiente leyenda nos trasladamos a lo más profundo de sierra sonorense, Yécora, Sonora y trata sobre San Judas Tadeo, el milagroso santo al que se le va a visitar todos los días 28 del mes.


Dicen los creyentes, que este santo puede arreglar cualquier problema, pero que se especializa en asuntos de dinero, salud, y bueno, ¡hasta de amores! Lo que sí parece imprescindible, es la fe con la que se le pidan los favores. A pesar de lo anterior, se le conoce como el santo de los casos difíciles, así que, dicen quienes creen en él, que si ya pidió a otros santos y el milagro no se le cumple, es hora de acudir a San Judas.


Está el caso de la señora Rosa María. Ella tuvo tres hijos, los cuales eran listos y estudiosos, pero a su padre no le gustaba que se dedicaran a la escuela, pues quería ponerlos a trabajar para que él ya no hiciera nada. ¡Le encantaba ser un mantenido!


La señora Rosa María se empeñó en que sus hijos sacaran la carrera, por lo que trabajo mucho tiempo. Los que la conocieron cuentan que no era posible todo lo que hacía, pues trabajaba todo el día, además de cocinar, limpiar la casa, llevar a sus hijos a los colegios… Cada noche, al llegar a su cama, después de una agotadora jornada, ella le pedía a San Judas que le diera fuerzas para continuar un día más.


Y así, jornada tras jornada, la mujer vivió un milagro que terminó en la felicidad de ver a sus hijos graduados de la Universidad y cuidándola con amor. ¿Sobre el padre? Se dice que murió solo, porque un día decidió abandonarlos, pues de haber seguido ahí, hubiera tenido que trabajar.


Otra leyenda del Santo dice que logró convertir a un ateo, por lo menos por un día, en el mayor católico de la historia. Este hombre se la pasaba renegando de Dios y decía que no existía y que no creía en muertos que vuelven a la vida.


Esta persona un buen día se enamoró, se casó y al poco tiempo su esposa se embarazó.


Él estaba muy feliz, porque no era malo, sólo no creía en Dios y mucho menos en santos. El día del nacimiento de su hijo, algo malo sucedió. ¡El pequeño no nacía! El bebé ya estaba sufriendo y si no se le hacía una cirugía pronto a la joven, ambos morirían. El problema es que se fue la luz y no había manera de intervenirla así.


El hombre estaba desesperado. Además, como era un servicio de salud pública, no lo dejaban pasar para estar con su esposa y apoyarla. De pronto, la madre del joven sacó una pequeña imagen de San Judas y le dijo:


—Sé que no crees en Dios ni en los santos, pero pídele el milagro y verás que te lo va a hacer.


El joven, al darse cuenta de que la ciencia no iba a salvar a sus seres queridos, le pidió a San Judas con la devoción que nadie jamás había tenido. No pasaron ni dos minutos cuando salió una enfermera y le dijo:


—Señor, su hijo nació en perfectas condiciones. Fue parto natural, pesó dos kilos y midió 49 centímetros.


¡El nuevo padre no lo podía creer! No entendía nada porque apenas unos minutos antes le habían dicho que la cesárea era indispensable, pero que no se podía realizar todavía por la falta de electricidad.


Lo cierto es que el joven dejó de creer en Dios al día siguiente, pero muy dentro de su corazón, sabía que ¡San Judas le había hecho el milagro!


 
 
 

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