HUÁSABAS, LA JOYA ESCONDIDA DE LA SIERRA ALTA DONDE AÚN LATE EL LEGADO ÓPATA
- Roberto Quintero
- hace 5 horas
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Hermosillo, Sonora.-
Entre los imponentes paisajes de la Sierra Alta sonorense, después de recorrer sinuosas carreteras y admirar la espectacular vista desde La Cruz del Diablo, emerge Huásabas, un pequeño pueblo que conserva intacta la esencia de la antigua Opatería y donde la historia, la naturaleza y las tradiciones continúan formando parte de la vida cotidiana.
Ubicado a aproximadamente 225 kilómetros de Hermosillo, este municipio serrano se encuentra rodeado por Villa Hidalgo, Granados, Bacadehuachi y Moctezuma, con el que mantiene una estrecha relación social y económica. El recorrido hasta la comunidad toma alrededor de tres horas y media, atravesando cañones, montañas y paisajes que transforman gradualmente el desierto en un entorno verde alimentado por el río Bavispe.
Un pueblo con raíces profundas
La historia de Huásabas está estrechamente ligada al pueblo ópata, una de las culturas originarias más importantes del norte de México. Su nombre proviene de esa lengua indígena y significa “lugar de tierras enhierbadas”, una referencia directa a la fertilidad del valle que ha sostenido a generaciones de habitantes.

Los primeros registros históricos datan de 1645, cuando el misionero jesuita Marcos del Río inició la evangelización de la región y fundó posteriormente la misión de San Francisco Javier de Guásabas. Con el paso de los años, la devoción religiosa evolucionó y la Virgen de la Asunción se convirtió en la patrona de la comunidad.
La llegada de los jesuitas también introdujo nuevas actividades agrícolas y ganaderas que se fusionaron con las costumbres serranas. Durante el siglo XIX, la población enfrentó procesos de mestizaje, conflictos derivados de incursiones apaches y la gradual desaparición de la lengua ópata.
Uno de los episodios más difíciles en la historia del municipio ocurrió en 1887, cuando un fuerte terremoto destruyó gran parte del antiguo asentamiento construido de adobe, obligando a sus habitantes a reconstruir el pueblo en el mismo valle donde permanece hasta la actualidad.
Naturaleza, historia y aventura
Hoy en día, Huásabas es considerado uno de los destinos más auténticos de la Sierra Alta sonorense. La plaza principal y la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción continúan siendo puntos de encuentro para la comunidad, mientras que las áreas cercanas al río Bavispe ofrecen espacios ideales para el descanso y la convivencia familiar.
Entre sus principales atractivos naturales destaca el Cajón de los Pilares, una formación rocosa rodeada de agua y vegetación serrana que atrae a amantes del senderismo, la fotografía y el ecoturismo.

Asimismo, el mirador de La Cruz del Diablo ofrece una de las vistas más impresionantes de la región, permitiendo observar el descenso hacia el valle y la majestuosidad de la sierra sonorense.
Sabores que conservan la tradición
La identidad vaquera sigue siendo parte fundamental de la cultura local y se refleja en su gastronomía. Platillos como la carne con chile colorado, la machaca, el cocido de res, el menudo con grano y las tradicionales tortillas de harina elaboradas en comal forman parte de la cocina cotidiana.
A ello se suman los dulces regionales, conservas de frutas, empanadas de cajeta y el tradicional bacanora artesanal, elementos que mantienen viva la herencia culinaria de la región.
Un legado inmortalizado en imágenes
La vida ranchera y las tradiciones de Huásabas también fueron documentadas por el fotógrafo sonorense Werner Segarra a través del proyecto “Los Vaqueros de la Cruz del Diablo”, una obra que retrata la cotidianidad de los habitantes de la Sierra Alta.
Su trabajo trascendió fronteras al ser exhibido en el Museo Nacional de Antropología e Historia y publicado posteriormente en un fotolibro que preserva la memoria visual de las comunidades vaqueras de Sonora.
Entre montañas, historia y paisajes bañados por el río Bavispe, Huásabas permanece como uno de los tesoros mejor conservados de la sierra sonorense, un lugar donde el pasado ópata, la cultura ranchera y la tranquilidad del entorno continúan dando identidad a una comunidad orgullosa de sus raíces.




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