ENTRE ARENA Y SAL: EL “BOSQUE” OCULTO DE CARDONES QUE SORPRENDE RUMBO A LA COSTA DE SONORA
- Roberto Quintero
- hace 3 horas
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Hermosillo, Sonora.-
A poco más de una hora y media de la capital sonorense, en dirección a la costa, el paisaje desértico ofrece una de sus postales más inesperadas: un “bosque” de gigantes que emerge sin previo aviso antes de llegar al mar.
El sitio, ubicado en las cercanías de Playa San Nicolás, se revela tras recorrer la carretera hacia Bahía de Kino y tomar un camino de terracería alrededor del kilómetro 94, donde la arena y la vegetación esconden este escenario único.
Un bosque que no es bosque
Aunque muchos lo llaman “bosque de sahuaros”, lo cierto es que en esta zona predominan los cardones, considerados los cactus más grandes del mundo. Estas imponentes cactáceas pueden superar los 20 metros de altura y alcanzar edades de entre 100 y 300 años.
Su presencia cerca del mar es una de sus características más sorprendentes, ya que el cardón tiene la capacidad de tolerar la salinidad, lo que le permite desarrollarse a pocos kilómetros del litoral.

La alta densidad de estos cactus crea una estructura visual similar a la de un bosque tradicional, generando sombra y albergando diversas especies, lo que convierte a este ecosistema en un refugio de biodiversidad en medio del desierto.
Herencia viva del pueblo Comcáac
Más allá de su valor natural, esta región forma parte del territorio ancestral del pueblo Comcáac (Seri), cuya relación con el entorno ha sido fundamental para su preservación.
Para esta comunidad, el cardón no solo representa un elemento del paisaje, sino una fuente de vida, ya que sus frutos han sido utilizados como alimento y forman parte del conocimiento ecológico transmitido de generación en generación.
Un ecosistema en riesgo
A pesar de su riqueza, el “bosque” enfrenta amenazas como la contaminación, el saqueo de especies y la expansión del pasto buffel, una planta invasora que incrementa el riesgo de incendios.
Especialistas han advertido sobre la necesidad de establecer mecanismos de protección formal para conservar este espacio, considerado uno de los más singulares del estado.
Al caer el sol, las siluetas de los cardones transforman el paisaje en una escena casi irreal, convirtiéndolo en un sitio ideal para la fotografía de naturaleza y un recordatorio de que el desierto sonorense está lejos de ser un lugar vacío.
Quienes lo visitan coinciden en una regla esencial: recorrerlo en silencio y con respeto, entendiendo que cada uno de estos gigantes ha tardado siglos en crecer y sostener la vida que lo rodea.




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