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DEL DESIERTO AL VALLE: LAS FRUTAS DE PRIMAVERA LLENAN DE SABOR Y COLOR A SONORA


Hermosillo, Sonora.-

 

Con la llegada del calor a los valles y desiertos sonorenses, también inicia una de las temporadas más esperadas del año: la cosecha de frutas primaverales que llenan de aroma, color y sabor los campos del estado.

 

En regiones como la Costa de Hermosillo, el Valle del Yaqui y el Valle del Mayo, abril marca el comienzo de las primeras cosechas, donde destacan la sandía y el melón, productos emblemáticos de Sonora reconocidos a nivel nacional por su dulzura natural, resultado del clima extremo y la fertilidad de la tierra.

 

Pero más allá de los cultivos comerciales, la primavera también trae consigo tesoros silvestres profundamente ligados a la identidad del desierto. Entre ellos destaca la llamada “chúcata”, una resina del mezquite que aparece cuando el calor se intensifica y el árbol responde al estrés provocado por la sequía.

 

Mayo, por su parte, se convierte en el mes de los yoyomos, una fruta silvestre tradicional del sur de Sonora, especialmente en municipios como Navojoa y Álamos. Su aparición es breve y casi simbólica, considerada por muchos como un regalo natural previo a la temporada de lluvias.

 

A finales de mayo también comienza la temporada de pitaya, una de las frutas más representativas del desierto sonorense. Municipios como Carbó y Rayón se llenan de esta fruta de intenso color rojo, que además suele verse en venta en distintos cruceros y carreteras de Hermosillo.

 

Junio representa el punto más fuerte de la temporada agrícola con la cosecha de uva de mesa, cultivo que coloca a Sonora entre los principales productores del país. Zonas como Hermosillo, Pesqueira y Caborca trabajan a máxima capacidad durante estas semanas para abastecer el mercado nacional.

 

En paralelo, el mango comienza a madurar en patios y pequeñas huertas del sur del estado, principalmente en Cajeme y Navojoa, donde destaca la variedad conocida como “machete”. Asimismo, el higo inicia su aparición, resistiendo las altas temperaturas características de la región.

 

La primavera sonorense no solo transforma el paisaje, también refleja la riqueza agrícola y natural del estado, donde cada fruto guarda la esencia del clima, la tierra y el esfuerzo de quienes trabajan el campo.

 
 
 

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