CHILAQUILES, ENTRE LOS MEJORES DESAYUNOS DEL MUNDO SEGÚN TASTE ATLAS
- Roberto Quintero
- 21 may 2025
- 2 Min. de lectura

Agua Prieta, Sonora.-
Cuando se habla del alma de la cocina mexicana, hay un platillo que brilla con luz propia: los chilaquiles, ese caos perfectamente delicioso de totopos bañados en salsa que ha trascendido fronteras y conquistado paladares en todo el mundo.
El sitio especializado en gastronomía internacional Taste Atlas ha colocado recientemente a los chilaquiles como el cuarto mejor desayuno del mundo, reconociendo no solo su sabor, sino la historia, la tradición y la creatividad que representan.
Un platillo sencillo, pero poderoso
Los chilaquiles son una muestra viva de cómo la cocina mexicana transforma ingredientes humildes en auténticas joyas culinarias. Su base: tortillas del día anterior, cortadas y fritas hasta quedar crujientes, cubiertas con salsa roja o verde. A partir de ahí, el cielo es el límite: pollo deshebrado, carne enchilada, arrachera, cecina, huevo al gusto, chorizo o quesillo. Todo coronado con cebolla, cilantro, crema y queso.
Más que un desayuno, son una experiencia sensorial que combina textura, intensidad, color y sazón. Ya sea en una fonda de barrio o en un restaurante de alta cocina, los chilaquiles son el platillo que une a México desde temprano por la mañana.

¿De dónde vienen los chilaquiles?
El origen exacto es un misterio envuelto en tradición. Hay quienes los remontan a tiempos prehispánicos, cuando el chile y la tortilla eran parte esencial de la dieta mesoamericana. El vocablo náhuatl chilmulli (salsa de chile) ya era conocido en el siglo XVI. Se cree que, para evitar el desperdicio, las tortillas duras se bañaban en salsa para darles nueva vida. Así nacieron los chilaquiles.
La primera receta escrita apareció en 1821, en el libro Arte nuevo de cocina y reportería, con una versión que incluía clemole, carne de cerdo, chorizo y ajonjolí. Para 1831, en El Cocinero Mexicano, ya existían al menos cuatro variantes, incluyendo los famosos chilaquiles tapatíos.
Más allá de las fronteras
Hoy, los chilaquiles no conocen límites geográficos. Se disfrutan en todo México y también en comunidades migrantes de Estados Unidos, como Los Ángeles, San Antonio y Chicago, donde evocan el sabor de casa y la nostalgia por lo propio.
Más que comida, los chilaquiles son identidad, memoria y orgullo nacional. Son el ejemplo perfecto de cómo México convierte lo cotidiano en algo extraordinario.
Así que la próxima vez que alguien pregunte qué tiene de especial el desayuno mexicano, basta con responder: “Chilaquiles, y punto.”




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