La vida de los capos en EU. Historias de prisiones

Martes, 16 de Octubre de 2012 18:12 Agencias
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Conozca cómo viven Eduardo Arellano Félix, Osiel Cárdenas Guillén, Miguel Caro Quintero y Vicente Zambada



La vida no ha sido sencilla para extraditados de alto perfil de los cárteles del narcotráfico mexicano.

 

 


Después de sus caídas,  sus exigencias muestran un lado humano, vulnerable, pocas veces visto en criminales que suelen estar más cerca del mito que de la realidad.


*FRANCISCO JAVIER ARELLANO FÉLIX
El “Tigrillo” fue aprehendido a bordo de un yate por la Guardia Costera de Estados Unidos en agosto de 2006, como parte de una operación cuya legalidad fue discutida hasta el día de su sentencia a cadena perpetua, un año después. La defensa del heredero del cártel de los Arellano Félix argumentó infructuosamente que su captura se realizó en aguas mexicanas y por ende era ilegal. El gobierno estadounidense sostuvo, con éxito, que se encontraba en aguas internacionales, más allá del límite de los 25 kilómetros necesarios.
El menor de los hermanos Arellano Félix fue llevado a juicio a la Corte del Distrito Sur de California, basada en San Diego. A lo largo del proceso, la defensa del mexicano presentó reiteradas peticiones para mejorar sus condiciones de encarcelamiento.
El 16 de enero de 2007, los abogados de Arellano Felix abrieron con sus exigencias: interpusieron una moción especial “Para Remover Todas las Restricciones Físicas durante el Juicio” debido al presunto daño físico y mental que se estaba generando a su cliente al tenerle esposado con grilletes en las manos y los pies, aún al interior del juzgado.
Ambos abogados insistieron en que el Tigrillo tenía “derecho a ser tratado como un ser humano. Su encadenamiento no obedece ningún otro propósito que humillarle. El señor Arellano no representa ningún riesgo de daño o escape. Que se le encadene solo crea un espectáculo para los medios.
“El señor Arellano está encerrado en una celda que mide 5x4 metros cuadrados, siete días a la semana. La celda consiste de una cama de metal soldada a la pared y un lavabo y WC. Tres veces a la semana se le permite salir de su celda para bañarse y rasurarse en una jaula. El señor Arellano guarda sus bienes de higiene personal, incluido su cepillo de dientes, en el piso, entre el WC y la pared”.

*MIGUEL CARO QUINTERO
A la prisión de súper máxima seguridad de Florence, Colorado, se le conoce por dos apodos: el Alcatraz de las Rocallosas y el Infierno en la Tierra.
Se le cataloga como una “Supermax” y es lo más duro del sistema penitenciario de Estados Unidos. Es, básicamente, un lugar al que Washington envía a quienes por alguna razón han entrado a su lista de peores enemigos.
Y en esa lista se encuentran algunos capos mexicanos de la droga particularmente detestados por el gobierno estadounidense. Además de Héctor el Güero Palma y Francisco Javier Arellano Félix, albergó en su momento a Miguel Caro Quintero, el ex líder del cartel de Sonora y hermano de Rafael Caro Quintero, al que se achaca el asesinato del agente encubierto de la DEA, Enrique “Kiki” Camarena ocurrido en 1985.
En sus instalaciones, Caro Quintero compartió espacio con reos como John Walker Lindh, el talibán americano y Zacarias Moussaoui, autor intelectual de los ataques terroristas del 11 de septiembre. También con Teodore Kaczynski, el Unabomber, Ahmed Ajaj, terrorista que participó en los bombazos de 1993 en el World Trade Center de Nueva York y Khalfan Khamis Mohamed, autor de los ataques a las embajadas de Estados Unidos en Kenia y Tanzania en 1998.
Poco antes de que fuera condenado en 2010 a 17 años de cárcel, Caro Quintero pidió a sus abogados que le salvaran de permanecer más tiempo en Florence, junto a ese tipo de compañeros.
“Mi cliente está viviendo condiciones deplorables”, sostuvo el abogado. “El trato que ha recibido, en esencia, ha sido el de un increíble aislamiento. Ha estado en confinamiento solitario por más de ocho años (…) está tan aislado y se siente tan solo que nos ha indicado que no le importa si lo ponen en contacto con gente que pueda representar un peligro para él. Sólo quiere estar con otros seres humanos.

*OSIEL CÁRDENAS
Como sucedió con otros capos, las transcripciones del último día del juicio de Cárdenas, el 24 de febrero de 2010, muestran al que fuera uno de los narcos más famosos de México bajo una luz muy diferente: contrito y nervioso, rodeado de abogados para recibir su sentencia de manos de la juez Hilda Tagle, de la corte federal del sur de Texas. El proceso se desarrollaba en un edificio judicial de Houston.
Quintanilla: Su señoría, anoche hablé con la señorita Treviño y quisiéramos pedir a esta corte si permitirían a la esposa e hija (de Cárdenas) estar presente.
Juez: de acuerdo. (La esposa e hija de Osiel entran a la sala para escuchar la sentencia).
Juez: Señor, ¿tiene algo que decir a la corte antes de ser sentenciado?
Osiel: Sí, su señoría. Por los errores que cometí, pido me disculpen mi país, México y los Estados Unidos de América, mi familia y muy especialmente mi esposa y mis hijos. Siento que todo este tiempo que he pasado en la cárcel, realmente he reflexionado sobre la mala actitud que tuve. En verdad, me siento arrepentido. También me disculpo con la gente a la que hice daño, directa o indirectamente.
(La juez emite su veredicto.)
Juez: Señor Cárdenas, cuando sentencio a un muchacho de 19 años que, a cambio de venir a Estados Unidos ilegalmente, acepta llevar mariguana, considero su vida y las diferencias que tiene con la vida de usted, como líder de un cartel cuya familia vive en lujo relativo. Cuando sentencio a un estudiante de 18 años por comprar falsamente un arma destinada a México, pienso en usted, el líder de un cartel, con sus guardaespaldas (…) Usted fue un modelo para los narcotraficantes más jóvenes que, mostrando sus rifles de asalto, son cada vez más agresivos y osados. Su sed de poder y su falta de respeto a la ley y la decencia es trágica. Secuestros, extorsión, batallas en las calles. Una inocencia perdida: ese es su legado a su país y a nuestras comunidades en ambos lados de la frontera. Por eso, creo que la sentencia que le voy a imponer logrará que cuando usted sea liberado, esos narcotraficantes para los que fue un modelo, lo habrán olvidado.
La juez sentenció a Cárdenas a 25 años de prisión.
A manera de despedida, la juez lanzó un último mensaje a Osiel.
Juez: Señor Cárdenas, Dios juzga los secretos de nuestros corazones. Y Dios seguramente le juzgará por los que tiene en el suyo. Pero más importante: le juzgará por sus acciones.
(Cárdenas guardó silencio).
La defensa pidió a la corte permitir a Osiel un último encuentro con su hija y esposa en privado, antes de ser enviado a una prisión federal.
Juez: ¿una visita aquí? No absolutamente no.


*VICENTE ZAMBADA NIEBLA
Vicente Zambada Niebla, el Vicentillo, es uno de las personajes de mayor peso del cártel de Sinaloa que ha sido extraditado a Estados Unidos hasta el momento.
Santangelo, Panzer y Michalelson narraron en su misiva que a Zambada Niebla, --cuyo juicio se mantiene aplazado hasta octubre próximo-- se le tiene prohibido hablar con cualquier otro reo. Por otro lado, sólo tiene autorización para entablar diálogo con sus abogados y personal carcelario de rango superior a teniente. Es decir, pocos celadores tienen permitido siquiera dirigirle la palabra.
En cuanto a la celda que le fue asignada, contaba solo con un colchón, 3 cobijas, dos sábanas, una almohada y una pequeña mesa. Se le permitía ejercicio de forma irregular en una jaula de 40 metros cuadrados lejos de la luz del sol y sin acceso a aire fresco. Por razones de seguridad, nunca se le llevó al techo de la cárcel, pues se temía que un francotirador lo asesinara para evitar que hablara.
Pero el sol y las pequeñas cosas de la vida fueron uno de los elementos centrales de la queja. “No se le han dado suplementos de vitamina D (para suplir esa ausencia solar)”, advirtieron Santangelo, Panzer y Michaelson. “Cosas simples como un refresco o un lápiz para colorear le están prohibidos”.
Otras quejas presentadas por sus abogados fueron:
• “Los lentes de Vicente se rompieron. No se le ha permitido reemplazarlos”.
• “Vicente ha hecho reiteradas peticiones de atención médica porque sufre de problemas crónicos estomacales. No ha recibido esa examinación”.
• “El abogado ha observado a Vicente a lo largo de su detención. Se le ve más y más ansioso y deprimido. Su talante es gris”.
Los abogados argumentaron que, al mantener a un prisionero en aislamiento extremo como en el caso de Zambada Niebla, se corría la posibilidad de generarle lo que se conoce como “Síndrome de Unidad Especial”, cuyos síntomas incluyen alucinaciones visuales y auditivas, hipersensibilidad al ruido y al tacto, insomnio y paranoia, miedo incontrolable, distorsiones de tiempo y hasta el riesgo de suicidio.
La situación de Zambada, argumentaron, era peor que en Chicago, dado que la celda es aún más chica que la anterior, de apenas siete metros cuadrados –incluida la cama y el baño-- lo que impide al Vicentillo ejercitarse. “Para hacer lagartijas, debe subir los pies al WC”, se lee en la misiva.
De nueva cuenta, el sinaloense vive en aislamiento total. “Se le postergó un corte de cabello durante tres semanas como forma de castigo por quejarse de sus condiciones”, señalaron los abogados.

Última actualización el Martes, 16 de Octubre de 2012 18:35

30/09/2013

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